Desde Vivienda Migrante, Geógrafas Chile y Abofem, reflexionaron acerca de las violencias que están enfrentando las mujeres en este período de crisis sanitaria y que venían sufriendo incluso antes de la pandemia. Esta reflexión surgió en base a distintos relatos que entregaron mujeres.

“Más que entregar estadísticas y detenernos en las críticas, deseamos ser un puente de los múltiples relatos de mujeres que diariamente recurren a nosotras, buscando apoyo, construyendo redes o simplemente pensando, cómo sortear la violencia en contexto pandemia o cualquier desastre que afecte aún más su condición de mujer violentada y vulnerable”, expusieron las expertas.

Añadiendo que los relatos se han construido a través llamadas vía celular o de mensajes de textos de diferentes plataformas de comunicación. No obstante, hacen la observación de que muchos relatos de otras mujeres se pierden o no se escuchan dado los problemas de conectividad y desiguales mecanismos de acceso a la comunicación y al territorio en general.

De igual manera creen que la mejor manera es transmitir algunas frases que les siguen resonando por su crudeza y repetición, algunas de ellas son:

“¡Como antes trabajaba, no sabía que a mi vecina su esposo le pegaba!”, “las niñas de mi vecina lloran todo el día, el papá las golpea y no sabemos qué hacer; mi vecina no hace nada por miedo”, “el hijo de mi vecina de 9 años, amenazó a su papá que es drogadicto. Dijo que lo mataría si volvía a golpear a su mamita”, “intento llamar a los pacos porque mi pareja me pega todo el día. La respuesta: ´Señora la entendemos, pero por el asunto del coronavirus, estamos resguardando otros barrios. Tenemos un retraso de más de 8 hrs. Pídales ayuda a sus vecinos´”, “a nuestros campamentos no suben. No nos traen ni mercadería, ni nada ¿Cómo avisar que estamos siendo violentadas?”, “aquí se pasa hambre y a nadie le importa”, entre otras frases que evidencian la violencia cotidiana a la que se enfrentan algunas mujeres.

Las experta señalan que parte de las citas anteriores, las han oído innumerables veces. Incluso, antes de la pandemia. Pero, el contexto COVID 19 vuelve más complejos los contextos y exige pensar otras formas de llegar a ellas.

“No se trata de ser “buenistas” como algunos machistas insisten. Se trata de ponerte en el lugar de otra e intentar resolver desde la esfera o el lugar que habites. Nadie cuestiona que podamos apoyar, indistintamente el privilegio. Es dicha posición la que debemos activar en tanto mujeres, que tenemos diversos sufrimientos y que aún estamos limitadas por nuestros roles productivos y reproductivos”, agregaron.

Desde las organizaciones señalan que la violencia no solo afecta a mujeres de campamentos que transmiten su dolor, está en cualquier parte. “A tu lado, contigo, con tu vecina, tu alumna, tu amiga, tu madre, tu colega”.

También señalas que saben que existen dificultades para apoyarse, pero desean que la reflexión permita construir para que otras no tengan que morir ni sufrir violencia. “En la pandemia, ni siquiera podemos contactarnos con muchas de las mujeres que deseamos apoyar. Aún más, el sistema de denuncias está paralizado, detenido o ralentizado”, afirmaron.

Por otro lado reconocen que muchos servicios de la mujeres o canales de comunicación no están activos, “nadie está atendiendo el llamado; los servicios asociados a denuncia están retardados, o bien están orientados a otras urgencias definidas por una institucionalidad que ha negado la violencia hacia las mujeres, que la subestima y que no la enfrenta en la complejidad que ella tiene: mujeres viviendo hacinadas; mujeres viviendo en el campo; mujeres viviendo en tomas alejadas de las ciudades; mujeres habitando en zonas cordilleranas sin acceso a medios de comunicación que faciliten sus demandas y denuncias. La geografía de la violencia femenina está ahí”, expusieron.

Ante esta situación les surgieron las siguientes interrogantes: ¿Quién prioriza entonces la violencia hacia la mujer? ¿Quién tiene derecho a ser protegida? ¿La que vive en la ciudad? Pero qué pasa con la que habita en una toma, en un campamento, en un barrio estigmatizado y marginado por el propio Estado. ¿Si no eres chilena no tienes derecho a atención? ¿Si estás en cuarentena, no tienes celular o no pudiste pagar el celular, a quién llamas, qué haces?

En base a eso hacen un llamado a definir que la violencia también es una urgencia, ya que el Covid-19 no solo afecta la concepción médica tradicional, afecta la salud física y mental de mujeres, de sus hijos, de aquellas que habitan hacinadas, que están precarizadas, que no tienen hoy trabajo, que no pueden pagar aquello que les permite comunicarse.

Desde las mismas organizaciones enfatizaron que más que describir los tipos de violencias que identificaron a través del relato de mujeres, ponen en cuestión qué pueden hacer; cómo sortear la violencia; ¿Qué cambios son necesarios para establecer mecanismos de denuncia que sean efectivos y que nos den seguridad?

En base a eso crearon algunas propuestas que surgieron de una reflexión colectiva, “pero que claman que otras nos apoyen, indistintamente de donde vengan. Tampoco deseamos actuar bajo la modalidad asistencialista, o con el arribo de santos que bajan a los campamentos o barrios transitorios, o viviendas de interés social, creyéndose enviados por el salvador. No. Negamos eso. Buscamos ser un grito que clame la complejidad de la violencia hacia la mujer”, dijeron.

Propuestas

No levantar sospechas: creación de redes de comunicación entre mujeres dentro de nuestras comunidades

Durante los últimos años han surgido diversas estrategias de comunicación virtuales para la organización comunitaria, que han dado lugar a la existencia de diversos grupos de s chats entre vecinos y vecinas, para organizar una olla común, reunir fondos, apoyo familiar ante problemas de salud, económicos u otros. Sin embargo, activar un chat entre mujeres resultará clave para generar confianzas y comunicar si estás frente a una agresión o si bien, necesitas educarte para sortear la violencia, indistintamente la naturaleza de ésta. También, podemos activar todas las redes con otras comunidades, de otras regiones, con académicas o investigadoras que en algún momento nos han pedido ayuda y que ahora están convocadas a apoyar. La ética emerge para todas sin distinción de clases, raza ni profesión. Podemos recurrir a otras mujeres.

¿Quién mejor que nosotras comprenderá cómo se enfrenta el maltrato y la violencia al interior del hogar, en el trabajo o en la cotidianidad? Pensamos que es fundamental, autogestionar las redes de apoyo y no esperar que la ayuda llegue. Luego de casi 4 meses de la declaración de Covid-19 en Fase 4, la ayuda no ha llegado en los términos necesarios para resguardar la salud y seguridad de grupos vulnerables. Somos todas responsables y podemos aportar desde nuestras capacidades, posibilidades y espacios a la construcción y apoyo en red.

No levantar sospechas: creación de códigos y alternativas para denunciar

Establecer diferentes mecanismos de denuncias resulta clave. Es urgente pensar, buscar y rebuscar estrategias de comunicación distintas y creativas que eviten que el agresor conozca la forma como estamos denunciando. Crear códigos entre amigas, vecinas, colegas que nos hagan sentido en nuestro contexto; apoyar a través de la distribución de comidas u otros enseres se configuran como aportes sustantivos a través de los cuales podemos indicar números y nombres de otras de nosotras dispuestas a apoyar.

No levantar sospechas: buscar los medios de comunicación

Diferentes mecanismos de comunicación de las mujeres agredidas es clave. No todas tienen acceso a internet o a sus plataformas como facebook, whatsapp, meet, zoom, entre otras plataformas. Las redes sociales y el acceso a ellas segregan aún más a mujeres violentadas, no alfabetizadas, sin alfabetización digital o con acceso desigual a la comunidad. Debemos pensar en nuevas plataformas, en audios y símbolos, en otros mecanismos que asegure hacia dónde dirigir la demanda y sentirse segura, mientras llega el apoyo en contexto pandemia COVID o frente a cualquier tipo de desastre.

No levantar sospechas: descentralizar los servicios de apoyo a la mujer

Activar los Servicios de la Mujer es un desafío clave para cualquier ministra. La violencia no es urbana ni rural. La violencia no afecta sólo a pobres, clases medias o altas. La violencia es interseccional y transversal en nuestra sociedad, por ende, no debemos abandonarnos. Los servicios de apoyo a la mujer en Chile tienden a centralizarse, ya sea en las grandes ciudades, o bien, sólo en los territorios urbanos. Se hace necesario el levantamiento de redes de servicios jurídicos y de salud mental locales que sean capaces de reconocer a las diferentes mujeres y violencias que experimentan en los distintos territorios. Una articulación directa con los mecanismos instituciones es clave, pero hoy en día vemos que son insuficientes para las demandas urgentes de mujeres que están siendo violentadas. No nos sirve el maltratador o acosador que sale, o está a metros de la mujer que se ve obligada a vivir con miedo. El problema es mayor ¿Qué hacer ahora si ellas están viviendo con el maltratador? ¿Qué hacer si el maltratador está siendo protegido por la institucionalidad?

No levantar sospechas: seguir denunciando desde todas las plataformas

Seguir alzando la voz para denunciar y que, de una vez por todas, entendamos como sociedad la urgencia de actuar contra todas las formas de violencia hacia las mujeres. No nos quedaremos aisladas, calladas. No nos resignaremos al destino del género. Clamamos por una transformación del mundo es pos de la igualdad a los derechos, a la protección, a la salud, la vivienda digna, a una vida sin violencia. Mientras tanto nos mantenemos alertas y solidarias.

Finalmente las expertas señalaron que desean que este comunicado “nos alerte y pedimos a todas apoyo para crear comunidades distintas y diversas, que acoja las diferencias y que debata sobre las violencias invisibilizadas históricamente y tras la Pandemia Covid. Pedimos a todas las que lean cuestionen cómo reducir incluso, las violencias entre nosotras”.

Firman: Vivienda Migrante, Geógrafas Chile, Abofem (representantes de Tarapacá y Antofagasta) y todas las mujeres líderes con las que estamos construyendo comunidad.

Fuente: El Mostrador

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