La mañana del 29 de junio de 1973, efectivos del Regimiento Blindado N° 2 llevaron a cabo una sublevación militar contra el gobierno de la Unidad Popular. El fracasado alzamiento es considerado como la prueba final para el golpe de Estado que realizarían en septiembre.

Tropas lideradas por el Teniente Coronel Roberto Souper cercaron el Palacio de La Moneda y el Ministerio de Defensa, para abrir fuego en pleno centro de Santiago contra los edificios.

Con una columna de 16 vehículos  y una cifra cercana a la centena de soldados, la sublevación militar, donde se vieron involucrados civiles pertenecientes al grupo de extrema derecha «Patria y Libertad», materializó el preludio de lo que se desarrollaría el 11 de septiembre de 1973.

Avanzada la mañana, a eso de las 11:00 hrs., la insurrección golpista es sofocada por parte de las Fuerzas Armadas.

El Comandante en Jefe del Ejército, General Carlos Prats, verifica la rendición de los soldados sublevados que finaliza, entre otras cosas, con la detención de Souper y el asilo de Pablo Rodríguez Grez, Jefe Nacional de Patria y Libertad, junto a otros integrantes, en la embajada de Ecuador.

La sofocación del levantamiento, a la vez, finalizó con un saldo de 22 muertes (entre civiles y militares), 32 personas heridas a bala y medio centenar de detenidas.

Dentro de las muertes se encuentra el asesinato del camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, quien grabó el momento exacto en el que un efectivo del Ejército le disparó mientras cubría la insurrección. Las imágenes darían la vuelta al mundo al haber filmado su propio asesinato.

Los meses siguientes al Tanquetazo dieron cuenta de la agudización de los conflictos. Por una parte, el debate de las «salidas políticas» se instalaba con suma urgencia en las organizaciones.

Mientras tanto, el instalado sector golpista dio paso al estudio de las consideraciones necesarias que permitirían la instalación de un golpe de Estado definitivo que instalaría una brutal dictadura militar-empresarial que causaría miles de muertes, torturas y desapariciones para instalar el actual modelo económico.

Desde los servicios de inteligencia y la capacidad de respuesta del gobierno, hasta la recepción por parte de la población de lo que plantearía Allende.

Todos los elementos ordenados para lo que se ejecutaría en septiembre de 1973.

La memoria histórica, en esta lógica, cumple un rol fundamental para comprender estos fenómenos. El documental recuperado por el Centro Cultural La Moneda o el dirigido por Andrés Habegger, “Imagen Final” dan cuenta de aquello, además del progresivo aumento de investigaciones respecto al contexto previo a la instalación de la dictadura.

Sin embargo, la memoria viva sigue siendo la fuente primaria. El impacto en los proyectos políticos, la emoción de quienes vivieron aquel día, el rol de los medios en su cobertura, el sentir de millones de personas al momento de enterarse de la insurrección.

Todo aquello que hoy, al igual que siempre, no se debe olvidar.

Fuente: Resumen

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